Editorial 17/01/2019

Resulta que el presidente de la República entregó al coordinador de Morena en San Lázaro, Mario Delgado, su propuesta de reforma a la Constitución con objeto de crear la Guardia Nacional. En el artículo cuarto transitorio proponía que en vía de mientras se crea esa Guardia, el Ejército y la Marina desempeñaran las tareas de seguridad pública en el país.

Esto es, fríamente, mantener la estrategia de combate a la delincuencia a través de las fuerzas armadas. Y representaba para la estrategia del nuevo gobierno un punto fundamental en el proceso de creación de la Guardia Nacional. Incluso el martes, en una reunión entre López Obrador y los diputados de los partidos Morena, Partido del Trabajo y Encuentro Social, el presidente le dijo: “si el Congreso no apoya la reforma yo me apoyaré en el pueblo”.

Más claro ni el agua. Y ni así, Mario Delgado, el empleado de Marcelo Ebrard, le hizo caso a Andrés Manuel López Obrador. El mismo lunes por la noche los coordinadores del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano convencieron a Mario Delgado y a Pablo Gómez de borrar el artículo cuarto transitorio en cuestión, el mismo que le interesaba por encima de todas las cosas al presidente.

López Obrador no tiene quién lo apoye en el Congreso, ¿quién le hace caso? ¿en quién habrá de confiar? Está claro en el mundo de mediocridad de Mario Delgado, que él no será…

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