Editorial 23/01/19

A lo largo de casi tres décadas de persistencia, inagotable labor política, tenacidad y pérdidas personales, derivadas de tesón por ganar la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador dibujó una imagen en el inconsciente colectivo, que le ha aportado el respaldo de un importantísimo sector de la sociedad.

Su presencia en la vida pública incomodó a muchos que participan de la política y del sector empresarial -qué ambos están asociados, y llegan a ser lo mismo-, desde sus trincheras en medios de comunicación
afines, o de los que son propietarios, han reprochado, criticado y ha veces hasta intentado inculparlo de los grandes problemas nacionales, de los que paradójicamente esos dos sectores son sus principales autores. No lograron aplastarlo como lo hubieran querido.

Pero Andrés Manuel López Obrador no fue solo a esas batallas, lo acompañaron siempre tres medios de comunicación que todos conocemos. Tres medios que han recibido un maltrato histórico del poder político.

Y la pregunta al presidente es sencilla, ¿qué trato les va a prodigar a quienes lo apoyaron, dieron cobertura permanente a su movimiento y soportaron las presiones del poder?

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