Esperemos que el Senado haya elegido correctamente, y que esta vez no sea un pago de favores entre partidos.

Superada por la magnitud de la tragedia del viernes en Tlahuelilpan, la elección, ese mismo día, de Alejandro Gertz Manero como Fiscal General de la República, no ha sido analizada desde su trascendencia ética y política.

¿Qué garantía de autonomía puede asegurar, si se vinculó a posiciones políticas contrastantes como el PRI, el PAN, en su momento el PRD, y ahora Morena?

Con una cruda prueba inicia la historia del primer Fiscal General, sobre todo porque ha presentado ya dos hipótesis disímbolas: la explosión provocada o una chispa surgida del roce de la ropa sintética.

Ese es su reto, demostrar que el Senado eligió correctamente o que solo siguió la línea y avaló un fiscal a modo.

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